El Taller (parte 1)

Llegué al Taller de Edición el 16 de enero de 2012 y en pocos días me estaré yendo. Es increíble cómo las cosas que nos gustan, con las que nos sentimos felices pasan tan rápido, se evaporan con una rapidez incomprensible; y aquellas que no nos agradan o con las que no nos sentimos a gusto, en su lento transcurrir nos dejan un sabor amargo imposible de ocultar. Siquiera puedo decir que mi paso por el Taller fue una de esas experiencias agradables e incomparables, pero que lastimosamente transcurrió a un ritmo que no quisiera, pasó con una rapidez tajante; pero me voy contenta, agradecida, y a la vez nostálgica por tenerlos que dejar.

Los primeros días fueron duros, como lo es en cualquier lugar desconocido donde uno llega nuevo y todos los otros se conocen entre sí, pero la calidez, amabilidad, cariño y acogida que tuve en el Taller me hicieron olvidar esos duros momentos de integración que suelen caracterizar este tipo de eventos. El Taller está impregnado de una atmósfera indescriptible, donde todos irradian y gritan a los cuatro vientos lo felices que se sienten de hacer parte de esta gran familia.

La sala de redacción es una locura, fotos, risas, canciones y apodos acompañan el día a día de la generación de contenidos, el día a día de periodistas y diseñadores que se encargan de darle vida a todas esas bellas publicaciones. Así vale la pena levantarse todos los días a trabajar, aunque muchas veces el sueño era mucho y el cansancio me agotaba, siempre pensaba que me esperaba un día alegre, un día lleno de gente que vibra con lo que hace. Y aunque unos días el estrés y el afán reinaban en la redacción, pues había que terminar lo más rápido y bien posible una publicación, siempre había un chiste, un grito de ánimo que disipaba ese sentimiento de angustia.

Las actividades de los viernes, los almuerzos, las despedidas y las celebraciones de cumpleaños (lástima que no me tocó a mi), son eventos que sólo pueden hacerse en empresas donde la unidad y el compañerismo es el pan de cada día. Desayunos engordadores, una tienda repleta de dulces, mecato y chucherías de todo tipo, golosinas que ruedan por los puestos y un rico café tambien acompañan nuestros días en el Taller.

Detalles como que alguien se fuera de viaje y nos trajera dulces y chocolates, como que el día de la mujer nos hicieran un delicioso desayuno o que el día del periodista y del diseñador se esmeraran por hacernos sentir especiales y valiosos en nuestro día (aunque oficialmente no sea periodista, pronto lo seré), otros como que el día de la madre le dieran regalo a cada una de las mamás de nosotros, o que el día que nos recertificaron nos invitaran a todos a almorzar. Son detalles que uno valora muchísimo, detalles que pesan demasiado y que hacen aún mejor esta empresa, repleta de calidad humana, de sonrisas, de gente talentosa y que le gusta lo que hace. Trabajar así vale la pena.

With LOVE, Ana.

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