De visita por el Norte de Antioquia

Salimos a las 9am en la camioneta color plata claro, Memo iba al volante y de copilota Marta mi mamá; atrás iba Jimmy, mi novio,  mi suegra y yo. El hambre invadía nuestros cuerpos pero en mí estaba la ilusión de regresar a un lugar de infancia al cual no iba desde hace unos doce años, y si la memoria no me fallaba vendían unas deliciosas empanadas y unas increíbles arepas de chócolo.

Emprendimos nuestro ascenso por la vía a Pajarito, empinada y con unas curvas insólitas; unos veinte minutos después mis ojos vieron el letrero de “La Herradura” y mi cerebro se transportó a los recuerdos más remotos de infancia. El lugar era exacto a como lo recordaba, sus mesas polvorientas y a medio hacer, con el humo característico de los fogones de leña y el piso, un tierrero. Es uno de esos lugares que si no conoces no pararías nunca. Rosita estaba igual y su esposo aún más era como si no les pasaran los años. Las empanadas seguían siendo como las recordaba, el ají picantico y lleno de cebolla; el chocolate calientico y con el ahumado de la leña. Esta vez no me decidí por la arepa de chócolo, sino por la torta, que estaba igual de rica. Mi mamá si fue a la fija, su elección de siempre: dos empanadas y arepa de chócolo sin mantequilla y con doble quesito. Riquísimo como siempre.

Luego de estar llenitos, seguimos con nuestro recorrido hacia San Pedro de los milagros. las carreteras estaban increíblemente bien tenidas y aunque no había muchos carros decidimos irnos despacio para admirar la belleza del paisaje, verde, plano y con un sol resplandeciente. Las vacas son los animales que más se ven por los pastos pues al Norte se le conoce como la región lechera del departamento, es más, la planta más grande de Colanta es en San Pedro. Además de las verdes planicies, repletas de árboles, se aprecia una hermosa vista de toda la ciudad y cantidad de parapentes surcan los cielos.

En el camino, mientras Memo contaba alegremente historias de sus recorridos por estas tierras, mi mamá y yo entonábamos una canción de Ricardo Arjona y Jimmy tomba fotos. Recorrimos San Pedro, Entrerríos y Belmira, entramos a sus iglesias, la de San Pedro al ser basílica o catedral (no sé cuál), es más imponente y hermosa que las otras. comimos los dulces típicos de la región, panelitas y quesillos con bocadillo.

Luego de vuelta entramos a una truchera, otro de los sitios famosos en esta zona de Antioquia. Aunque soy bastante escéptica con el pescado de río, éste resultó estar exquisito, con unos patacones bien logrados y un hogao bien sazonado. Mientras nos traían el almuerzo, nos fuimos a ver cómo pescaban. Ese es uno de los planes más aburridos para mí, pero ver con la emoción que Memo y Jimmy ayudaban a unos niños a sacar truchas fue divertido. De vuelta, llenos y con un poco de sueño, hicimos una parada para admirar la bella vista de la Represa Rio grande 2, y aproveché para tomar unas cuantas fotos más.

iIglesia BelmiraEl paseo se había acabado y con él, el fin de semana. Pero valió la pena. Conocer los pueblos de nuestro departamento es algo que debería hacer más a menudo, también valió la pena porque regresé a uno de los chuzos de infancia, donde cada ocho días, los domingos, cuando estaba pequeña, iba con mi familia. Fue lindo, divertido y algo que definitivamente volvería a repetir, la próxima vez para montar en parapente.

A todos les recomiendo conocer Antioquia, todos los pueblitos tienen algún encanto, algo lindo por mostrar y algo bueno por probar. No lo duden y emprendan el viaje.

With LOVE, Ana.

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