Caminata sobre el Glaciar Perito Moreno

Se levantó animada y ansiosa. Hoy era un día especial, uno de los más esperados de su paseo por el sur del continente americano. Se hospedaba en un hotel bonito, de construcción de madera, en una habitación pintoresca pero práctica. El desayuno estuvo fenomenal y le sentó de maravilla.

El clima de El Calafate, Argentina era frío y lluvioso, así que se abrigo lo que más pudo, pero manteniendo la comodidad ante todo. Tomó su cámara, su batería extra, su chaqueta impermeable y su pequeño bolso. Estaba lista y más que animada para una nueva aventura.

Primero, un bus confortable los llevó por una carretera, el trayecto duró algo más de media hora, pero la felicidad la invadía y la espera no le importó. Al llegar pudieron ver desde la ventana trazos de las montañas y del glaciar, además de mucha gente. La entrada al parque estuvo relativamente fácil, iban con un guía y eso simplificaba las cosas.

La primera parte del paseo fue más calmada, admiraron los témpanos de hielo del glaciar desde inmensas plataformas de concreto, a lo lejos. Aunque la vista era sin duda espectacular y el simple hecho de estar ahí ya la alegraba, no podía esperar un minuto más para poner sus pies sobre el hielo y realizar la ansiada caminata sobre el imponente glaciar, declarado patrimonio natural de la humanidad por la UNESCO.

Una hora después se encaminaron hacia una pequeña casa ubicada en la parte baja del glaciar, tenía una vista excepcional mostrándolo majestuoso a sus pies. Cuando ya estuvieron listos, con los crampones bien sujetos a los pies y todas las instrucciones dadas por los guías, iniciaron la caminata. Duraría dos horas.

Lo que ella sintió es indescriptible, la inmensidad del lugar, la magia que envuelve al glaciar, lo insignificante que se siente una persona al estar parado ante semejante cantidad de hielo, la belleza del color blanco con destellos azules que envuelve el paisaje, la lluvia cayendo en su rostro, confundiéndose con el sudor de la subida a la montaña. Todo eso y más es imposible de describir, hay que vivirlo.

En medio del Perito Moreno, los guías dieron a los caminantes un buen alfajor argentino y un trago de whisky enfriado con un buen trozo de hielo tomado del glaciar. Otra experiencia digna de vivir, así no te guste el whisky y así no quieras engordarte con el alfajor.

Luego de dos horas de pisar hielo, de tomar fotos, de descubrir cuevas congeladas y lagos con aguas a temperaturas inimaginablemente frías, descendieron y volvieron a la pequeña casa y con un cansancio satisfactorio, mil fotos en la memoria de la cámara y una gran sonrisa volvieron al bus, que los llevó de vuelta al hotel. Habían tenido otra gran aventura.

Glaciar Perito Moreno
Montaña de hielo
Caminantes Hielo azul
Ellos en el glaciar
Ella en el glaciar

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