Despidiendo el año en Río de Janeiro

Brasil fue nuestro último destino de ese espectacular viaje por Sur América a finales del año 2010. Nos hospedamos en un hotel al frente de la playa de Copacabana, aunque nuestra habitación no tenía vista al mar. Era sencillo pero acogedor y tenía lo que queríamos, un buen desayuno y una terraza que diera a la playa.

¿Y por qué una terraza era importante en este hotel? Pues resulta que en Río de Janeiro el último día del año se despide con una gran fiesta en la playa, todos visten de blanco, las caipiriñas son el trago preferido y cuando el reloj marca las 12, se encienden en el mar fuegos artificiales de colores.

La terraza era importante para nosotros puesto que sabíamos de antemano que la playa es tan llena de gente que hasta es imposible ver con claridad el espectáculo, así que al reservar el hotel quisimos contar con un espacio no tan concurrido para disfrutar de la celebración en calma.

Luego de pasar un día soleado en la playa, decidimos ir a un supermercado para comprar los ingredientes de nuestro picnic. Preferimos comer en la habitación pues sabíamos que en la calle iba a ser costoso y lleno. Compramos quesos, jamón serrano, galletas, maní, uvas y un champaña rosé.

Antes de ponernos nuestra vestimenta blanca, pusimos un mantel en el piso de la habitación y montamos el picnic, fue muy divertido y delicioso. Al rato, después de comer, estábamos listos para unirnos a la celebración de la playa. Eran las 8:00 p.m. del 31 de diciembre de 2010.

cocteliando

El ambiente era festivo, cálido y animado. Turistas y locales se mezclaban con interés en las festividades. Había tarimas con cantantes, otras con bailarinas de zamba, en algún lugar de la playa se oían animados bailes de otro ritmo local. La gente tomaba fotos, reía, caminaba y bailaba, Todo Río de Janeiro era una fiesta esa noche.

Luego de caminar un rato, decidimos tomarnos una caipiriña, el coctel más famoso de Brasil, hecho a base de cachaza (licor típico), limón y azúcar. Encontramos un toldito en medio de la arena que parecía sabroso y limpio, tenía varios clientes haciendo fila para llevarse su coctel.

Seguimos caminando y deleitándonos con el gentío, cada vez se iba llenando más y el espacio se reducía considerablemente. Así que alrededor de las 10:30 pm decidimos devolvernos a nuestro hotel, con el tercer coctel en las manos. En la terraza había música y ya muchos huéspedes había reservado su lugar para ver el espectáculo.

De un momento a otro miramos por la terraza hacia la playa y no lo podíamos creer, la playa estaba a reventar, solo se veían punticos blancos y creo que ahí abajo ya ni se podía caminar. Toda la playa y toda la calle estaba atestada de gente.

A las 11:55 ya teníamos nuestra botella de champaña preparada y por supuesto los ojos bien abiertos para apreciar el espectáculo. A esa hora también nos entró la nostalgia de estar lejos de nuestra familia, añorábamos las fiestas en la casa, nuestra música y la alegría que trae este día en nuestro país. Pero igual estábamos nosotros tres y eso era suficiente para estar contentos.

Se oyeron gritos, aplausos y corchos de champaña volar. El cielo se tornó colorido, de unas carcazas en medio del mar estallaban continuamente fuegos artificiales de distintas formas y colores, fue muy bonito y emotivo. En la terraza la gente se abrazaba, lloraba y hasta rezaba. El 2011 había comenzado en medio de alegría.

color

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