De paso por el Sahara

Al salir de Marrakesh, recorrimos en una caminoneta 4×4 y bajo un sol abrazador un camino dominado por un paisaje muy pintoresco, con montañas áridas, otras con mucho verde y árboles frondosos y otras tantas cubiertas de nieve; todas mezcladas con alguno que otro pueblito con casas de barro rojizo.

Ruinas y fortalezas, mucho polvo y caminatas por calles empinadas fue parte del primer contacto que tuvimos con el desierto, o con lo que creímos que iba a ser el desierto, recorriendo una carretera curveada en medio de áridas montañas de piedra. Una visión que realmente te quita el aliento. Dormiríamos en Ourzazate y al otro día partiríamos rumbo al “real” desierto. El paisaje es hinóspito, soleado y con el cielo azul.

paisaje

En la mañana viajamos en nuestra 4×4 a través del Reg (desierto de roca). En el camino entramos a un pueblo berebere llamado Talouse, allí compramos las alfombras típicas del lugar, tan aclamadas en las tiendas de decoración de occidente y compartimos un rato con los locales.

Luego de varios kilómetros entre las mismas montañas y uno que otro palmeral inmenso, llegamos a las mini dunas de Tinfou, debo decir que me decepcionaron inmensamente, fue una pequeñísima prueba de lo que se supone que es el desierto del Sahara. Nos untamos de arena hasta las orejas y entre los deditos de los pies, caminamos por las dunas, o más bien las escalamos y tomamos algunas fotos, pero no fue una prueba real de lo que uno cree que es. Después de media hora, volvimos de nuevo a las montañas áridas, el “desierto” de roca volcánica y palmeras de dátiles. La arena quedó en el olvido.

arena

Esa fue toda la prueba de arena, eso fue todo lo que vimos del gran desierto. Resultó que ese que todos imaginábamos, donde solo hay arena alrededor, mucho sol y un cielo azul, ese en el que se añora el oasis con palmeras y un lago de agua fría, estaba a 120km de donde estuvimos y en nuestro tour no llegaríamos hasta allá.

Luego llegamos a las tiendas de campaña donde dormiríamos. Son rudimentarias, solo hay alfombras, un minúsculo bombillo y mucho té caliente. Aunque hay duchas y baños, camas y cobijas, sigue siendo algo muy primitivo a lo que no estamos acostumbrados. Debo decir que fue una experiencia acogedora e interesante y que te sirve para apreciar lo afortunado que eres o más bien lo diferente que vives, pero debo ser sincera, es algo que no volvería a repetir.

En resumidas cuentas fueron dos días interesantes, una mezcla entre el lujo en Ourzazate y aire libre en Tinfou; rocas, montañas, palmeras y alguna que otra duna de arena. A pesar de que el paisaje fue increíble, inmenso y muy pintoresco, me quedé con las ganas de probar la vida en el real desierto, aunque fuera unos pocos minutos

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