Sweet Madrid

La calle está un poco desierta, hace frío afuera pero muchos, deseosos de dejar las cobijas por un rato y aprovechar un poco de la tarde del domingo, escogen Mamá Framboise para ir a tomar algo dulce y esconder la amargura que despierta el final del fin de semana.

El lugar es pequeño y acogedor y al parecer muy codiciado por los madrileños; la fila afuera es larga pero decidimos hacerla, nos han dicho que vale la pena. El que toma nuestros datos para la mesa, apunta “vecinas” en su libreta, dice que es de Venezuela y que le gustan las latinas. En unos quince minutos tenemos nuestra mesa.

cartaLa carta es amplia y es difícil decidirse, todo se ve emocionante, divertido, delicioso y provocativo. En realidad todo el entorno provoca, las mesas de madera clara, la luz algo baja pero lo suficiente para leer bien la carta y dejarte encantar, la vitrina muestra algunas de las delicias que allí se sirven, y los meseros pulcramente vestidos se esfuerzan por dar el mejor servicio a sus ansiosos comensales.

Hay algunos dibujitos para ilustrar el contenido de las tartas, todas son deliciosas y me toma un rato decidirme y eso que no quedo del todo convencida con la elección porque quiero probarlas todas. La filosofía del lugar es llevar la alta pastelería a pie de calle.

Todas pedimos chocolate a la taza, siquiera fue la pequeña, porque no sé que hubiéramos hecho con la grande, ya era demasiado. Cuando llegan nos quedamos todas con los ojos abiertos y la boca se nos hace agua, es chocolate puro, sin la menor pizca de leche caliente o agua. Es como si cogieran muchas chocolatinas y las derritieran para luego ponerlas en la taza. Es espeso, concentrado y dulce. Un paraíso para el paladar.

chocolate

Aunque me gustó, debo confesar que el tal chocolate a la taza me dejó hostigada y me tocó pedir un vaso de leche para podérmelo tomar. Creo que esa cantidad de chocolate no me dejará dormir esta noche. Aún así es rico.

Mamá Framboise es un lugar que te llama a comer, a engordarte y deleitarte con su pastelería. Su chef, Alejandro Montes es un asturiano que, como lo describen en la carta del restaurante, respira dedicación por todos los poros de la piel y tiene vocación pastelera desde que tiene uso de razón. Vaya talento el que tiene.

Con varios premios en su haber culinario, puedo dar fe de que tiene una magia que impregna sus creaciones, impecables hasta para los paladares más exigentes. Un universo dulce en Madrid, como le llaman a este atractivo lugar, se mantiene lleno, especialmente los fines de semana, la gente desfila con entusiasmo de la puerta a su mesa, esperando deleitar su paladar con los mas dulces manjares.

Es un lugar al que volvería, para quitarle la amargura a la vida, para pasar un rato agradable con amigos o tal vez solo para leer un buen libro. Repetiré mi visita a Mamá Frambiose porque quedé antojada de probar el té de frambuesa, el croissant de almendras y los macarons. Espero que no me decepcione ninguno.

Al salir hace frío, y eso que no ha empezado el invierno. El sol se ha ido y la noche llegó, esa que anuncia que se acaba el domingo. Pero valió la pena, definitivamente, haber escogido este mágico lugar para terminar el fin de semana. Sin duda alguna un lugar para recomendar entre los millones que hay en las calles madrileñas.

Macarons

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3 comentarios sobre “Sweet Madrid

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